Hace 210 años, el paisaje de la actual Ingeniero Budge era muy diferente al que conocemos hoy. Antes del ferrocarril y del crecimiento urbano, predominaban los humedales, las estancias y los caminos rurales.
Cuando el Congreso de Tucumán declaró la Independencia el 9 de julio de 1816, la ciudad de Ingeniero Budge todavía no existía. El territorio que hoy ocupa una de las localidades más pobladas de Lomas de Zamora era un paisaje abierto, dominado por bañados, arroyos y grandes extensiones rurales.
De hecho, durante buena parte del siglo XIX esta zona era conocida como “El Bañado”, un nombre que describía las características naturales del lugar. Las frecuentes inundaciones y la cercanía de distintos cursos de agua hacían que el ambiente estuviera compuesto por humedales, pastizales y pequeñas áreas destinadas a la actividad agropecuaria.
En aquellos años no había calles, estaciones ferroviarias ni barrios consolidados. Los desplazamientos se realizaban por antiguos caminos de tierra que comunicaban las estancias de la campaña bonaerense con la ciudad de Buenos Aires.

La transformación comenzó décadas más tarde con el avance del ferrocarril. La inauguración de la estación del entonces Ferrocarril Midland, en 1908, impulsó la llegada de nuevos vecinos, favoreció el desarrollo de comercios y dio origen al crecimiento urbano que caracteriza a Ingeniero Budge hasta la actualidad.
Con el tiempo, la localidad dejó atrás aquel paisaje de bañados para convertirse en una ciudad con una fuerte identidad comunitaria, reconocida oficialmente como ciudad en 1994.
Recordar cómo era Ingeniero Budge en tiempos de la Independencia permite descubrir otra faceta de la historia local: la de un territorio que, mucho antes de poblarse, ya formaba parte de la geografía bonaerense que acompañó el nacimiento de nuestro país.

